Prólogo
Siempre tuve la extraña sensación de que lo que ocurría en el transcurso de mi vida era algo especial, aún cuando nunca me sentí de esa manera yo. De algún modo tan fantástico era lo que me pasaba, que tenía la impresión de que personalmente lo veía de esa forma aunque no lo fuera en realidad. Pero tampoco podía contarlo a mis conocidos porque pensaban que exageraba o inventaba. Juro que si pasó y tal como lo cuento. Alguna vez, si la memoria no me dejaba perder los detalles de todo lo que había pasado en mi tortuoso pasaje por este mundo, escribiría algo así como la partitura de este espontáneo concierto ya ejecutado, y que sinceramente, lo sufrí tanto como lo disfruté.
Si un grande como Neruda confesó que había vivido, yo confieso que lo hice y lo recuerdo. Si. Cada detalle, cada gesto, los colores, aromas y sabores de esta ensalada tan dulce como agria que da vueltas en mi memoria y antes de que el inexorable deterioro me las quite, quise hacer realidad esa decisión que, allá por los famosos ochenta, había tomado ante el agobio de esas evocaciones que creía que por lo que estaba por vivir, se iban a esfumar.
Fue entonces cuando, haciendo guardia en la ya no existente Clínica Rivadavia los días domingos, surge primero el nombre de este libro que, si bien no sabía cuando iba a empezar a plasmarse en papel, ya había sido impreso en mí. Es obvio que si yo estaba de guardia ese día y quijotezcamente no estaba dispuesto a dejar morir a nadie, mi recomendación fuera parte de mi historia.
Relatos, prosas y otras cosas es porque, si bien el libro fue escrito para que me lo lean cuando ya no sepa más quien soy y menos aún quien fui (ya que aunque parezca mentira, es lo que primero uno se olvida ante la adversidad), quién lo leyera pudiera acomodar lo que lea, dentro de los estilos que desee (sobre todo el último).
Si en algún momento lo escrito se escapara de la mesa de luz de mi lecho geriátrico, en donde lo use como apaciguante consuelo de mi falta de memoria y llegara a las manos de alguno de los protagonistas de mis relatos, sepan perdonar la discrepancia en la percepción de los hechos, entendiendo que la realidad es la más democrática de las sensaciones: cada uno tiene la suya. Pero si en lugar de identificarse leyeran ex profeso su nombre completo escrito, adviertan interpretarlo como mi humilde tributo por haberme acompañado en este difícil viaje por la vida.
Beethoven decía que la música no sólo es una sucesión de notas armoniosas al oído, sino el sonido que imprime en quien lo escucha el estado de ánimo del autor en el momento de componerla y de ahí su genialidad.
Dentro de la libertad del pensamiento, existen sensaciones, colores del alma muy tangibles pero abstractas. Traducirlas no es fácil pero más difícil aun, es lograr hacer que quien las lea, libere en su cerebro idéntica idea de alegría, angustia, desazón, soledad o enojo que sentía en igual magnitud quien las escribió. Como si se interpretara una partitura de impresiones y percepciones que hagan entender que sentía el autor cuando brotaron esas palabras de su mente.
Primero surge la poesía, abstracta, sutil, testimonial y luego debo contar porque llega mi cerebro a pensar lo que piensa ya que uno es “uno y sus circunstancias”. Cada día vivido marca una huella, una impronta en nuestra personalidad, en el alma y sólo puede ser comprendida por aquellos que conocen que fue lo que hizo que nuestra mente se conmoviera al recordar.
Al contar los hechos, no sólo como fueron sino como los viví yo, pueden dar un elemento más para que quien lea lo escrito no lo descarte por absurdo.
No estoy totalmente seguro si debo estar agradecido a la vida por la descomunal memoria que me ha dado para los hechos, ya que a veces la mente nos juega una mala pasada y solo nos vuelven los recuerdos que de nada sirven, que amargan la mirada o sumergen la sonrisa en lágrimas. Pero hoy, cuando mi tiempo es valorado por el calendario, en el balance final de este primer capítulo, a los 56 años, sólo siento que pese a todo, no fue malo vivirlo y si tuviera la oportunidad lo haría otra vez casi........ igual.